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Austria
Clasicismo y elegancia al pie de los Alpes
Clásico y elegante, plagado de cultura, belleza y magia, Austria es un país donde la historia se siente en el aire, un aire que llega hasta la zona de Viena y Salzburgo y de los Alpes. El Imperio del Este, como se conoce a este territorio de Europa central, enamoró a Napoleón y a Ludwig van Beethoven. En él se inspiraron escritores de la talla de Rainer Maria Rilke, Thomas Bernhard y Peter Handke; además, dio al mundo el psicoanálisis de la mano de Sigmund Freud. Pero la música fue la identidad más sobresaliente en esta tierra de nieves eternas y cielos limpios: Gustav Mahler derribó las barreras de la tonalidad y Arnold Schönberg fundó la música dodecafónica. De la mano de Johann Straus (hijo) los valses vieneses ampliaron el universo musical y la humanidad se deslumbró ante el genio incomparable de su gran hijo pródigo: Wolfgang Amadeus Mozart.
También es rica en sus paisajes, que se extienden en el mapamundi y comparten fronteras con los de Alemania, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Italia, Suiza y Liechtenstein. En esa misma línea la solemnidad toma forma concreta: nadie puede sobreponerse a la impresión que causa el éxtasis de ver los Alpes por primera vez, una cordillera en forma de arco de nada menos que mil kilómetros, con verdes naturales que enmarcan los azules de los ríos y del cielo, y los blancos de sus nieves. Aquí, la práctica del alpinismo atrae cada verano a miles de practicantes, que permanecen, en muchos casos, la temporada entera. En tiempos de primavera, las ascensiones y travesías de esquí de montaña dan vida a pueblos y refugios remotos, en valles apartados, a menudo fuera de las corrientes turísticas más importantes, como para que el visitante más explorador descubra la intimidad de un pueblo maravilloso. Al pie de esta cadena y a orillas de ríos cristalinos como el histórico Danubio, se concentra la población, y se extienden coloridos viñedos que decoran el horizonte. Su producción –mayormente en vinos blancos– es reconocida en todo el continente, y es de las más recomendadas.
En esas latitudes de antaño, Viena es el discreto encanto del dulce clasicismo, sobre un valle de bosques, en la parte baja de los Alpes. Capital de Austria, tiene una larga historia, siendo durante el siglo XIX una de las grandes capitales musicales de Europa, y a principios del siglo XX, meca de la filosofía y el debate político de Occidente. En sus tierras yacen múltiples atractivos turísticos, como el Ayuntamiento, el Palacio y los coloridos jardines hechiceros de Belvedere, el Museo Hofburg, y la imponente catedral gótica de San Esteban (Stephansplatz). Los negocios de moda de las marcas más prestigiosas también tienen su espacio, sobre las famosas calles Kärtnerstrasse y Graben. Pero los típicos de Viena son, sin duda, los agradables cafés y bistrós, como el café del Hotel Sacher, origen de la típica Sacher Torte, que invitan a tomarse un tiempo para el descanso mientras se degusta una deliciosa taza de té. Cuando cae la luna, durante la noche plagada de aires de pasados bohemios, Grinzig, en la zona de Heurigen, es el lugar ideal donde se encuentran típicas tabernas vienesas, para probar buenos vinos que viajan desde Döbling, Burgenland o del Weinviertel, así como carnes frías y embutidos clásicos.
Salzburgo, o Ciudad de Sal, también tiene lugares y rincones fascinantes, como la Catedral, el Monasterio de San Pedro, el cementerio de San Pedro, la Iglesia Franciscana y la Getreidegasse (o Calle del Grano), con la casa donde naciera el gran Mozart, lugar declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad. El arte increíble de su arquitectura deslumbrará a quienes recorran esta ciudad soñada, con los imponentes castillos de Mirabell y Hellbrunn. Para los que buscan la plástica, museos como Rupertinum (de Arte Moderno), Salzburger Freilichtmuseum (Museo de la Luz Libre) y Museum der Moderne (Museo de Modernidad), entre otros, dejaran satisfecho a todo ambicioso buscador de rarezas, esculturas, pinturas e historia. La música, por supuesto, será uno de los atractivos infaltable en la cita anual, cada verano, del famoso Festival de Salzburgo.
La elegancia, la historia, las cálidas tabernas, la bohemia intelectual, el refinamiento, la belleza de verdes vivos, turquesas cristalinos y blancos brillantes, hacen de este país –fácil de recorrer– un mágico mundo de viñedos, antiguos castillos y venerables abadías frente al Danubio. Los lagos salpicados de veleros y rodeados de picos alpinos en un mundo helado de glaciares que buscan llegar al cielo, convierten a Austria en un rincón del mundo por excelencia.
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